Capítulo 4 – Rutinas establecidas.

Paseábamos de camino al coche, ya había comido o más bien, mi estómago había tolerado algo. Una percepción en forma de líquido caliente me rodeaba el pecho, era nuevo y me pregunté de dónde había salido.

Neithan me seguiría a todas horas durante 6 meses, quizás fuese por eso. Había algo que no me gustaba y no sabía definir del todo lo que era. Miré hacia su rostro mientras continuábamos andando, yo sumida en mis razonamientos, él mirándome de reojo. Supongo que nuestra relación se estaba consolidando, pero eso no era lo que me importaba, eran las dudas sobre si este “experimento” acabaría con esta relación y si me quedaría sin su compañía. Me surgieron un millón de preguntas.
- Así que 6 meses vigilándome…¿influye en el trabajo?, ¿cómo se supone que vas a seguirme?
- Me limitaré a observarte cuando trabajas, y en tu día a día, quizás los fines de semana…siempre que tú quieras. Puedes darme días libres…
Me miró con el ceño fruncido. Me encantaba estar con él, pero necesitaba hacer las cosas a mi manera, y más en el trabajo. Si Neithan estaba ahí apuntándolo todo, lo que hago o digo, me sentiré cohibida, y no sería yo. A veces parecía que me leía la mente.
- No me gustaría que te preocuparas por lo que escribo o dejo de escribir en el informe sobre ti. Y tampoco que empañe nuestra relación. Pero es mucho más fácil que sea yo quien te siga, a que Eddie se ponga en plan paranoico con tener espías en la oficina.
- Sabes que no estoy en contra de que seas tú quién me vigile, fui yo la que te propuso que fueras mi contacto…es sólo que…no desearía que permanecieras conmigo más de lo que deseas. Ya sabes, como cuando teníais la custodia compartida con tu hermano el mes que estuve de prueba.

Vale, esa expresión no me la esperaba, estaba entre la indignación y la sorpresa. Se paró en seco, se quitó las gafas y me miró directamente a los ojos.

- Por partes, por favor. Acepté ser tu contacto porque te considero una amiga. Y ni se te ocurra volver a pensar que Jake y yo compartimos nada y menos, ponernos de acuerdo para ocupar tu tiempo.
El tono era serio e importante, el que tiene todo médico a la hora de dar su opinión, pero estaba con su cara habitual. No me gustó el tono en que lo dijo. Pero me considera lo mismo que yo a él, una amistad.
- Entendido, compartimos nuestro tiempo con quién nosotros queremos.
Asintió, y poco a poco llegamos a su coche, y a mi casa. Seguía callado y ceñudo, no me gustaba nada esa cara y tenía que hacer algo.
- Te invito a cenar, si cambiamos los dos la actitud. Yo no diré más tonterías si tu…-Dejé que completara la frase.
- Seré un perfecto caballero.

Y ya lo había demostrado en innumerables ocasiones. Me ayudó a desembalar unas cuantas cajas y pasamos la tarde charlando de libros, revistas y películas. Era impresionante la de libros físicos que tenía, me había traído hasta aquellos que te obligaban a leer en el instituto. La mayoría de los autores eran españoles, y de diversas épocas; desde “Las Rimas” de Bécquer, pasando por “El manuscrito Carmesí” de Antonio Gala, hasta el “Último Catón” de Matilde Asensí. Con eso llenamos una estantería entera, después nos pusimos con las sagas de libros, ahí no se sorprendió tanto, pero a mí me gustaba la variedad aunque siempre he sido de refugiarme en mundos imaginarios, desde Inglaterra con el mago más famoso de todos los tiempos, pasando por el “Clan del Oso Cavernario”, “Dune”, “Dark Hunter”, “True Blood”…la verdad es que he dedicado una temporada a los vampiros pura y dura. Neithan miraba el lomo de los libros según me los iba pasando para ordenarlos. Cuando cogió “Crepúsculo” no sabía dónde meterme, era más rollo adolescente, y le cacé una sonrisita furtiva.

Después pasamos a colocar mi colección de DVD’s, ahí sí que coincidimos en gustos. Quizás heredara de mi padre esa tendencia a ver films de acción, y a Neithan no pareció importarle en absoluto, es más algunos eran sus favoritos y detalladamente empezó a ilustrarme el porqué. Aquellas películas de robos eran las que más le gustaban, sencillamente eso de burlar a las autoridades con un plan maestro atrae a cualquiera.

Y por último, las series de TV. Esta caja era la que había empezado a rellenar en Ámsterdam, recuerdo vagamente cómo el dependiente muy amable, me consiguió todas las temporadas de las más antiguas como Buffy, después de 5 o 6 temporadas más de otras series empezó a leer el lomo Sexo en NY, Fringe, House, Battlestar Gallactica, Héroes. Sobre las de dibujos me preguntó abiertamente Gargoils, Reena y Gaudy, Le expliqué mi aficción al manga cuando una temporada dibujé ese estilo. Y después terminamos con Bones, Castle, Érase una Vez, etc.

Había recopilado unas dos más antes de venirme, los ratos después del trabajo que no tenía compañeros de piso con los que cotillear o hablar, eran vacíos y para no caer en mi dolor, me evadía. Mirando toda esa colección, podría decirse que no soy muy sociable, pero la vida interior es así al menos para mí.

 

Nos pusimos a ver una serie bastante recomendada desde cero. No me gustaba hacer ese tipo de cosas con alguien, para las series soy un poco especial y le advertí que no la viese conmigo a menos que los demás capítulos se hiciera con los mismos términos, es decir, juntos.

El tema del sofá estaba siendo un punto clave, no podía acercarme al salón sin mirar ese espacio vacío.

Descubrí sus cualidades en la cocina, dejó mi salsa para la pasta mucho más rica, rectificando de sal y añadiendo orégano. Añadimos jamón picado, mamá se había portado haciéndome unos tres envíos este mes, y tenía de todo: aceite, sopas deshidratadas, embutido envasado al vacío y tetrabrikes de caldos. El resto lo compraba yo aquí, Elle era un foco de descubrimientos para mercados extranjeros de comidas y sabía un montón de recetas. Así que Blanca se pasaba a limpiar y almacenar las maletas que me enviaba mamá.
Cenamos entre la cocina y el salón, maldito sofá, y partió de Neithan que quedásemos a la mañana siguiente para comprarlo.

 

 

 

Hacía mucho frío, podía observar el vaho de mi respiración mientras me dirigía hacia el Castillo Matthews, cada vez que lo veía me gustaba más su fachada, las ventanas, todo estilo victoriano, como en un cuento. Jake, Elle y el pequeño Nathan salieron en el momento en que casi toco el timbre, se iban al acuario, y el enano jugaba con un muñeco en forma de delfín. Después de darle un par de besos a cada uno, se despidieron metiéndose en el todo terreno que estaba aparcado fuera.
Neithan estaba cerrando la puerta cuando me giré por la impresión del ruido al cerrarse. Había cambiado el traje de corbata por unos pantalones chinos azul marino, camisa a cuadros y cazadora de cuero marrón, un estilo que ya pude observar el día que me ayudó a instalarme. Añadió al conjunto una bufanda del mismo azul que los pantalones. No me había fijado hasta ese momento en que su barba era más corta, se le apreciaban los músculos de la mandíbula y se había quitado las gafas, no sé porqué me dieron ganas de tocarle la cara. Él extendió la mano, y en un principio pensé que me pedía que le diera la mía, pero me estaba dando las llaves del coche. Cuando las recogí aprecié el logotipo, era el Taurus.
- ¿Me dejas conducir?
- A la mínima que vea que eres un peligro te lo quito.- lo dijo con una sonrisa inocente.
- ¡¡¡Gracias!!!!
No se lo esperaba cuando me eché a sus brazos (la verdad yo tampoco), pretendía mostrarle mi afecto y conformidad a lo de conducir. Fue corto, y me quedé con su olor, menta y madera. Desprendiéndome de él tan repentinamente como había llegado a sus brazos, me fui derechita al asiento del conductor. Acomodé el asiento, giré espejos y me hice a las dimensiones, para mí eran de sobra conocidas. Mientras, Neithan indicaba la ruta en la pantalla del salpicadero. Fue una gozada, muy placentero y relajante. No me acordaba de lo mucho que disfrutaba conduciendo. Tenía los cinco sentidos puestos en la carretera y no pensaba, sólo escuchaba el motor y cambiaba de marcha según la velocidad, hasta que llegamos. Me disponía a meterlo en batería cuando el coche empezó a aparcarse solo…Neithan se reía, yo no esperaba que el coche me llevase a mí, le estaban quitando la gracia a conducir. Pese a mi sorpresa non grata, me contagió su risa. No sabía cómo, pero Neithan tenía un don para saber lo que necesitaba, en este caso conducir.

Si deseas continuar con la lectura, descárgate el libro completo en adeleyneithan@gmail.com

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